Sorpresas en la designación de las “nuevas 7 maravillas del mundo”

Hoy me he levantado con la sorpresa de que Chichén Itzá, finalmente, ha conseguido entrar a formar parte de las denominadas “nuevas 7 maravillas del mundo”.

Chichén Itzá

Y no es una sorpresa porque no se lo merezca (todo lo contrario), sino porque, personalmente, consideraba que había otros candidatos que muy bien podrían haber estado. Por ejemplo, me parece imperdonable que las Pirámides de Giza no se encuentren en la lista. Es que creo que no deberían ni haber concursado. El sólo hecho de haber sobrevivido desde que Heródoto (el acento está bien puesto) las elogiase, debería haber bastado para que fuesen consideradas, de nuevo, una de las siete maravillas, sin necesidad de pasar a concurso. Además, ha sido un feo para África, único continente junto a Oceanía, que no tiene representación en la lista. Lo cual demuestra que, en estos casos, la elección por vía popular a nivel mundial no debe ser la manera más justa.

También creo que faltaría en la lista (y esta es una opinión muy particular) el complejo arqueológico de Angkor, en Camboya, una ciudad Khemer que en el año 1000 tenía aproximadamente un millón de habitantes (imaginad las dificultades logísticas que ello acarreaba en esa época) y que, posteriormente, fue engullida por el olvido y la selva que la circundaba.

Para no caer en la tentación del descrédito, dejo al arbitrio de cada uno elegir cuáles de las 7 nuevas maravillas no merecen tanto como las otras estar en la lista.

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