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Entradas de la categoría 'ciencia'

Dunas de Guardamar de Segura: ecologismo de principios del siglo XX

A principios del siglo XX, la ciudad alicantina de Guardamar del Segura (en la desembocadura del río del mismo nombre) se veía amenazada de muerte por el imparable avance de las dunas que se habían formado en la Gola del Segura, fruto de la desertificación causada por la excesiva desforestación, y por los aportes naturales del río.

Las dunas a las puertas de Guradamar del Segura

Hoy en día, la ciudad está a salvo del avance de las dunas, gracias al proyecto del ingeniero de montes alicantino Francisco Mira, que consistía, básicamente, en la plantación de un inmenso pinar que serviría de barrera natural.

El proceso, lento (duró más de 25 años) pero sencillo y seguro, empezaba con la creación de una pequeña empalizada, cuyo fin era contener el avance de la arena, formando una “contra-duna” artificial:

Empalizada

Conforme la contra-duna crecía, se iban sacando las estacas que formaban la empalizada hasta que se alcanzara una altura de unos cuatro metros (pincha en la imagen para visualizar el efecto):

Creación de una duna

Para fijar preliminarmente dichas contra-dunas, en su parte superior se plantaron algunas piteras y, en las laderas, algunas plantas bajas como barrón o uña de león (o matacuchillo). Posteriormente, se completó un pequeño bosque mediterráneo de unas 700 hectáreas con pinos, eucaliptos y palmeras. Pero eso no fue todo: el ingeniero Mira ideó una especie de riego por goteo mediante ramas de pino y juncos que acumulaban el rocío de la noche para dejar escapar la humedad durante las mañanas.

El resultado: un magnífico y frondoso paraje que no sólo es apacible a la vista, sino que preserva de la desertificación toda una ciudad (mientras la especulación urbanística lo permita, claro).

Dunas de Guardamar

Más infomación: Las imágenes y gran parte de los datos han sido tomados de este estupendo artículo de forestman. También es muy recomendable el documental de “La dos” que encontraréis en ese mismo artículo.

 

Ante el cambio climático: “crea tu propio clima”

Desde hace unas semanas vengo oyendo en una emisora local de radio una cuña publicitaria de lo más curiosa. Se trata de dos amigas que están conversando. Una de ellas muestra su preocupación por el cambio climático, y la otra le viene a decir que ella lo tiene solucionado porque se ha creado su propio clima, gracias al fabuloso aire acondicionado que se ha comprado en cierta cadena de tiendas de electrodomésticos.

Vamos, es el colmo de la desfachatez en argucias publicitarias: en un alarde de pretendido ecologismo, se vende la solución casi más anti-ecológica que puede haber.

A poco que se busque por ahí, es fácil ver que esa campaña publicitaria también se apoya en elementos gráficos:

Crea tu propio clima
 

Un reactor de fusión en el sótano de casa

Más de uno habrá pensado: “Ya está aquí el típico titular provocativo que, en realidad, esconde un artículo banal”. Pues nada más lejos de la realidad. Os presento el experimento que, aquí mismo en España, ha conseguido realizar un… ¿lo llamo científico loco?; no, en realidad, es un aficionado a la ciencia, que se divierte con ella y que, según sus propias palabras, reivindica el derecho a morir de una descarga eléctrica al igual que un alpinista haciendo escalada o su cuñado corriendo un maratón.

Pues bien, este entusiasta de la ciencia, auto-apodado Profesor Frank de Copenhague (casi igual que el Franz de los grandes inventos de TBO), y cuya página web es www.cientificosaficionados.com, ha sido la octava persona del mundo (y la primera de Europa) que haya conseguido fabricar en su propia casa un reactor de fusión de núcleos de deuterio en núcleos de helio, mediante confinamiento electrostático. Es decir, casi se puede decir que dispone de un ITER personal en su sótano.

Bien es verdad que con este dispositivo nunca podrá generar energía (su rendimiento es negativo: necesita más energía para hacerlo funcionar que la que podría llegar a aprovechar), pero eso no le resta mérito a su logro, sobretodo teniendo en cuenta los materiales utilizados: una campana de vacío construida con una ensaladera de pirex, aisladores de alta tensión fabricados con bujías de coche, válvulas de gas empleando partes de la carburación de un vehículo, etc. Los pasos los ha seguido gracias al proyecto (atención) The Open Source Fusor Consortium (o Consorcio para un Fusor de “Código Abierto”). A continuación se muestra una fotografía del invento:

Reactor de Fusión

Copio y pego la descripción: “A la derecha arriba el detector y moderador de neutrones. Justo debajo una cúpula de cristal construida con una ensaladera de pirex. Debajo la cámara de vacío y debajo bomba de difusión. Al frente medición de vacío, generación de deuterio y control. Al fondo la bomba de vacío mecánica. En el centro el transformador de alta tensión. A la izquierda la electrónica del contador de neutrones.”

Otra foto del fusor, pero en funcionamiento (la cúpula de cristal es una ensaladera de pirex de 4 €):

Fusor en funcionamiento

Y aquí se aprecia una zona brillante y blanca formada por átomos de deuterio de alta energía, y un chorro de plasma de deuterio que escapa de su confinamiento debido a los defectos de simetría del dispositivo electrostático:

Chorro de plasma de deuterio

Para más información, podéis visitar la página del Fusor. Y no dejéis de visitar su (caótica) página principal, pues se describen muchos otros experimentos curiosos, como medir el PH con un repollo, obtención de nieve artificial, aprovechar un microondas, televisor o frigorífico viejo,…

 

La ley de la lengua

En el siglo XIX, y hasta principios del XX, en Eden, Twofold Bay, Australia, existía un método para cazar ballenas poco menos que curioso. Bancos de orcas acechaban a las ballenas que procedían del Océano Antártico y las cansaban hasta ponerlas a tiro de los arponeros de la zona, quienes las remataban. Eran las asesinas del Edén, killers of Eden.

La simbiosis llego a tal extremo que las orcas avisaban a los balleneros de la presencia de ballenas, dirigían a los botes entre la niebla, e incluso defendían a los posibles náufragos de los ataques de los tiburones. Estos bichos eran capaces de distinguir a los botes de la zona (pintados generalmente de verde) de otros distintos que se acercaran a cazar ballenas, a los que no ayudaban, claro.

Al finalizar la caza, los balleneros entregaban a las orcas su bien más preciado: la lengua. Era la “ley de la lengua”.

Las localizaciones de los hechos se pueden encontrar en Google Earth, con sólo insertar “Eden, Australia” en el formulario de búsqueda.

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