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Entradas de la categoría 'opinión'

Rectificación de “El Jueves”

Después de unos días lejos del mundanal ruido en busca de curvas y aire fresco, me encuentro, a propósito de lo comentado hace unos días, que, finalmente, la portada de “El Jueves” fue secuestrada por orden judicial.

Lo más acojonante del caso es que, parece ser, el escándalo no surgió a raíz de la crítica humorística a las (escasas) labores propias del monarca y sus familiares, sino a la pose utilizada en la caricatura por los Príncipes de Asturias para concebir un/a nuevo/a infante/a (recordemos que la principal misión de un monarca y de sus herederos es perpetuar el linaje, pues, si no, el chollo se acaba).

Menos mal que los chicos de “El Jueves” han sabido aceptar con humor las medidas tomadas por el juez del Olmo, rectificando la supuestamente provocadora imagen por otra mucho más alegórica:

Rectificación de "El Jueves"

Así que, queridos niños y niñas que observáis con cierta confusión dicha portada, es mi deber recordaros que sí, que, efectivamente, para tener hijos, papá pone una semillita en mamá; algo así como las abejitas y las florecillas que salen en el dibujito. Pero, para ello, papá se ha de ayudar empujando con la punta de la polla.

 

¿Evolucionará la monarquía en España?

Desde que vi (vía meneame) la última portada del “El Jueves”, la revista que sale los miércoles (¿o ya no es así?), comprendí que, en España, estamos listos para una segunda transición:

El Jueves y Felipe

Perder el (exceso de) respeto a la institución monárquica puede ser el primer paso de nuestra sociedad hacia un régimen más acorde con los nuevos tiempos (afortunadamente ya no estamos en otras épocas en las que, ese primer paso, derivaría finalmente con un Borbón pisando el cadalso).

Aunque soy partidario sin tapujos de la república como forma de gobierno más democrática para España (como para cualquier país), personalmente me conformaría con mantener la monarquía como mera institución simbólica. Eso sí, eliminando oficialmente al rey el título de Jefe del Estado, y reduciendo su carga en los Presupuestos del Estado a, simplemente, los gastos propios de representación.

A ver si con el tiempo y unas cañas…

 

Déjà vu

Repasando hoy los feeds, tras un largo fin de semana motero, he sentido un deja-vu (o déjà  vu, o como se escriba) al leer esta entrada del Pianista en un burdel (o Tribulaciones de un guionista español, o como se escriba).

Afortunadamente, para eso está Google: para refresco de la memoria (y para alguna otra cosa más, lo reconozco). Y para eso estamos muchos blogueros: para repetir y repetir (o difundir, como se dice ahora) mucho de lo que se escribe.

La metáfora de Starbucks era demasiado buena como para dejarla morir en un post dinamitado. Celebro con alegría que el pianista haya decidido recogerla de nuevo, esta vez para dejar con el culo al aire al autoproclamado 4º poder (entonces, ¿son las agencias de noticias, y no sus franquiciados, el verdadero cuarto poder en la actualidad?).

Junio depresivo en la Universidad

No, no voy a hablar desde el punto de vista del alumnado. Sino desde mi punto de vista: el del profesor.

Este mes de junio es de exámenes para todos: para los alumnos… pero también para nosotros. Hay mucha gente que esto no lo acaba de entender (incluso tengo compañeros que esto no lo comparten), pero yo, personalmente, me siento examinado cada mes de junio (y luego después en septiembre, pero con el descanso estival por medio), en el reflejo de los exámenes realizados por mis propios alumnos.

Recuerdo hace unas semanas cómo me reía junto a mis alumnos del problema propuesto a los universitarios de ciencias e ingenierías en el Reino Unido. Venía a ser algo tan sencillo como aplicar el teorema de Pitágoras para el cálculo de una hipotenusa. A pesar de que les hacía gracia (como a mí) que allí no fueran capaces de resolver el problema, les advertí que casos similares se darían entre ellos mismos durante el examen final de la asignatura (no voy a entrar en detalles, pero, para calcular algunas probabilidades de error en comunicaciones digitales, hay que aplicar un sencillo cálculo trigonométrico que, muchas veces, puede resolverse directamente por Pitágoras). Efectivamente, hoy, corrigiendo los exámenes, he detectado algunos errores similares. A pesar de la tristeza que eso supone, tal y como advertí a mis alumnos, lo esperaba (podría llegar a achacarse a un excesivo nerviosismo durante la resolución). Así que no es eso precisamente lo que me ha deprimido hoy.

El problema ha estado en otra parte del examen. Era algo, a mi parecer, bastante sencillo. Había que calcular cuatro valores (cuatro probabilidades): en total sumaban uno, y dos de ellas valían la tercera parte de las otras dos. No era nada realmente importante, pero era necesario para completar la solución del problema. Pues bien, ya incluso durante el examen, me ha preguntado demasiada gente sobre cómo obtener esos valores. No daba crédito a lo que oía. He tenido que, de viva voz, poner un ejemplo similar: dos parejas van a cenar y las chicas pagan la tercera parte que los chicos (sí, ya sé, el ejemplo no era muy afortunado), y el precio final es un euro. ¿Cuánto paga cada uno?

Hoy he comprobado que mucha gente no me ha resuelto bien esa parte del problema. ¿Qué hacer ante esto? El cómo resolver el problema no es algo que se enseñe (ni que se tenga que enseñar) en la Universidad. Ni siquiera es algo que se enseñe en la EGB (o como demonios se llame ahora), o alguna vez en la vida. Es algo que deberíamos saber resolver todos los que, con estudios o sin ellos, tengamos un mínimo de manejo con los números (las cuatro reglas, vaya; incluso con los dedos me valdría), simplemente pensando un poco. ¿Cómo puedo pretender enseñar conceptos abstractos y ciertamente complejos de una carrera técnica, si el cliente se niega a pensar (o tiene pereza: no me caben más explicaciones)?

Luego te das cuenta que hay alguien (siempre hay uno o dos cada año) que me hace el examen perfecto: un diez redondo y sin fisuras. Y, entonces, si me pongo a pensar, aún me deprimo más: ¿hasta qué nivel podría haber llegado en clase si me hubiese dirigido exclusivamente a este tipo de personas? Pero, afortunadamente, se me pasa enseguida ese ramalazo elitista, porque me reconforta saber que todos los que aprueben, sin excepción, se habrán llevado impreso cierto barniz, aunque sea ligero, con algo del conocimiento que pretendo impartir cada año.

La guerra no es un juego

Magnífico video creado por la organización CODEPINK, asociación de mujeres en pro de la paz y la justicia social, que es parte de una campaña para paralizar en el congreso de los EE.UU. la financiación del envío de tropas a Iraq (don’t buy Bush war):

No dispones de reproductor Flash. Enlace a la página del vídeo

Sr. Bush, los soldados no son juguetes.

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